• Sibarita, César Luna

De los placeres antiguos



En la actual y agitada vida en la que estamos inmersos, nos vemos con frecuencia obligados a establecer rutinas, buscando la seguridad de la estabilidad. Elegimos dónde comer, nuestro gimnasio y nuestras actividades no de acuerdo a nuestros gustos, sino orillados por nuestras limitaciones de tiempo y dinero.


La vida de Godínez, se ve envuelta en un carrusel extraño: Lunes de tacos de guisado, martes de flautas, miércoles de quesadillas, jueves de hot dogs y viernes de alitas (si tienes la suerte de salir temprano). El carrusel llega después de prueba y error, de consejos de otros oficinistas, o de puro instinto.


Los sentidos se embotan, te acostumbras a masticar rápido y regresar corriendo, quedan algunos con la fortuna de poder ir a fondas donde disfrutan de una comida corrida con sus relativas variantes. Aunque la mayoría te ofrecen la misma cantaleta: sopa o consomé, arroz o espagueti, milanesa, albóndigas o tacos dorados y postre. Agua insípida y 4 tortillas.


Es tan cansado.


Las mismas caras tristes y desoladas que ves en el metro, a veces las ves a la hora de la comida, tratando de ignorar la incomodidad de comer parado bajo el sol, enfundado en tu ropa de vestir, haciendo malabares para evitar que la salsa te manche la camisa o la blusa.


Nos olvidamos de los placeres antiguos, de ésa dicha de sentarnos con calma, de saborear una sopa, o una crema, de poder ponerle crema a nuestros tacos, el placer de servirnos las porciones que queramos y de elegir qué vamos a comer de entre nuestro imaginario y no de entre 4 opciones.


El simple hecho de llevar comida hecha en casa, se vuelve casi una hazaña que cambia nuestro día. Fría o caliente, los alimentos saben diferente cuando llegan desde nuestro hogar. El sazón de un alimento que fue preparado con intención, y con amor, y no para entregar un producto pronto, barato y rápido.


Yo recuerdo a mi abuela cada vez que puedo llevar chilaquiles al trabajo (me gustan batidos, así que no me importa mezclar la crema y el queso en un tupper), recuerdo a mi madre, cada vez que me llevó rollitos de jamón rellenos de ensalada rusa, recuerdo a mi tía si destapo un tupper con un arroz rojo caliente. Los placeres antiguos no son ningún misterio. Simplemente que vienen de aquí o de allá, vienen de hace cuánto. ¿Alguna vez han comido una torta de frijoles con sardinas? Mi papá la preparaba. Y es tan significativa la primer mordida de ése plato barato y hasta “corriente”, porque el placer no proviene del precio o la calidad. Viene del significado.

©2016 por Miscelánea Gastronómica. Creada por Olavi Luna.