• Sommelier, Olavi Luna

El puro y su degustación



“¿De nuevo con tu apeste? Si vas a fumar puro ni te me acerques” esta era la frase con la cuál mi madre sentenciaba al exilio a mi padre por el simple hecho de encender un puro para pasar el rato. Jamás olvidaré los comentarios negativos que mi madre hacía con respecto a los puros y el mal olor que despedían al ser fumados. Sin embargo, en algún punto de mi crecimiento, los puros empezaron a llamar mi atención por la influencia de mi padre y porque los hombres “interesantes” fumaban un habano o dos al día.


La primera vez que encendí un cigarro –como algunos llaman al puro- fue todo un desastre. Recuerdo que al momento de encenderlo lo hice de forma irregular y sólo la mitad del pie estaba encendida y la otra no. En la primera aspirada que le dí, el humo era tan intenso que fue como una agresiva explosión en mi boca lo cual me alejo del mundo de los puros por un buen rato.


Cuando le dí otra oportunidad a los puros, conté con la fortuna de un asesor que me entrenó debidamente para poder degustar un puro como debe de ser y sin correr el riesgo de una mala experiencia como lo fue mi primera ocasión. Debido a todo esto, a continuación ofrezco una guía rápida para que aprendan a degustar un puro correctamente.


Es importante saber que el puro cuenta con una cabeza que es el extremo cerrado del cigarrillo, y con un pie que es el otro extremo del puro en cuyo caso está abierto y se puede ver el tabaco trenzado. Hay quienes gustan de dejarle el anillo –un papel con los datos del productor impresos que abraza al puro- y otros que lo retiran, en cualquiera de los dos casos no existe diferencia alguna.


El primer paso para la degustación es la vista: hay quienes comienzan a salivar con el simple hecho de ver el puro y esto es muy bueno ya que las moléculas aromáticas podrán ser bien recibidas por las papilas gustativas al momento de fumar el tabaco. El proceso del tacto también es importante, ya que arroja información sobre la humedad de la vitola y la calidad de la capa. Junto con ello, se debe apreciar la nariz del tabaco previo al encendido en dos etapas: la primera colocando el puro bajo los orificios nasales aspirando con suavidad y la segunda con más fuerza. Todo este proceso no dará información sobre los sabores del cigarro, sin embargo complementará la experiencia.


El segundo paso es tan importante que de no ejecutarse bien, se corre el riesgo de arruinar el cigarro. El corte es un proceso en el cual se retira la cabeza del cigarrillo total o parcialmente, dependiendo de las características propias del puro, es decir, si se trata de un purillo o un gran corona. También, influye en la cantidad de humo que queremos aspirar. Este procedimiento puede hacerse con las uñas o dientes o con ayuda de un cortapuros o guillotina, en el caso de este último artefacto, es el método ideal para los puros tipo obús o pirámide.


El tercer paso es un consejo que los fumadores cubanos aportaron a la metodología de la degustación de puros: ellos recomiendan que previo al encendido, se acerque el puro a los labios para aspirar suavemente como si estuviera encendido para poder apreciar la personalidad de aromas que de estar encendido no podrían apreciarse. A esta etapa se le llama fumar a crudo.


En el cuarto paso hay gran discrepancia con el medio de combustión ya que algunos prefieren las cerillas de madera largas para encender los puros ya que dicen que así, conserva mejor sus sabores pero igualmente se puede utilizar un encendedor de gas o una antorcha. Eso sí, sugiero evitar a toda costa los encendedores de gasolina y velas ya que el material de combustión impregna el tabaco.


Para un correcto encendido del puro se debe iniciar con el encendido del contorno de los pies sin llevarlo a la boca, esto se consigue colocándolo a 2 o 3 centímetros de la flama y dando giros de un cuarto de vuelta hasta formar un anillo de brasa y desprenderá un humo muy fino. Posteriormente, se debe colocar en la boca y acercar el puro a un centímetro de la llama dando cuartos de giro y caladas lentas y contenidas para asegurar un encendido parejo. En este paso debe dar la impresión de que el pie se incendia durante un segundo para verificar que se ha ejecutado correctamente el encendido del puro.


Es importante destacar que en el caso de los puros no se debe pasar el humo a los pulmones ya que este órgano no arroja información sobre el gusto. Sugiero que de ser las primeras experiencias fumando puros, sólo se de una calada para retener durante 2 o 3 segundos el humo en la boca y se libere lentamente. En el caso de que ya se esté familiarizado con la robustez del humo de la vitola, una experiencia que arrojará información de los aromas y su carácter es espirar por la nariz el humo que se aspira por la boca. Es un ejercicio que se debe ir entrenando poco a poco para que la impresión de corpulencia no nos haga toser o pasar un mal momento y lograr percibir los aromas complementarios que son diferentes a los que se perciben en la boca.



La experiencia en boca puede ser tan grata que pueden encontrarse notas a café, pimienta, madera e incluso vainilla dependiendo del puro. La retención del humo en boca es esencial para poder describir el cuerpo del tabaco, así como los aromas que van desde la gama de los vegetales, hasta los animales.


Una vez que se apaga un puro, no se podrán percibir de nuevo los aromas y sabores que tenía durante su primer combustión, sin embargo yo sí sugiero que se vuelva a encender un cigarro para darle una segunda vuelta. Creo que este último paso puede complementar la experiencia.


No importa si se fuma solo o acompañado, o si se trata de un tabaco cubano o de Honduras, lo importante es no fumar por fumar y sí dejarse llevar por la experiencia del placer que puede brindar un puro al ser fumado.

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©2016 por Miscelánea Gastronómica. Creada por Olavi Luna.