• Sommelier, Olavi Luna

Personalidad del vino



"En el vino (está) la verdad."

–Platón-


Como bien nos dice Platón, en una copa de vino podemos descubrir muchas cosas y no sólo hablo de las características del fermentado por sus propiedades organolépticas, sino también de las características sociales y de comportamiento tanto del consumidor como del vino en sí.


Descifrar al vino y su personalidad no es tarea meramente para un profesional del ramo: sommelier, o para un bebedor empedernido, basta con una práctica constante y consciente para poder almacenar en la memoria los detonantes de cada una de las experiencias organolépticas que se viven al degustar o catar una copa de vino.


Como aprendimos en el artículo pasado, la etiqueta es un primer acercamiento para conocer qué tipo de vino contiene la botella, sin embargo cada uno de los datos esconde en sus letras una clave esencial para mencionar el estilo de vino del que se trata.


Antes que nada hay que saber que una misma uva puede darnos distintos estilos de vino dependiendo de la región, clima, proceso y tiempo de cosecha con que se elaboró el fermentado de uva. Los sabores y aromas obtenidos de estas variantes es lo que le brindará la personalidad al vino y por consecuencia, empatará mejor con una situación o platillo en específico.


No es lo mismo pasar la tarde con los amigos en plan fiestero, a una noche tranquila al lado de tu pareja. Para cada persona y situación hay un tipo de vino que irá de la mano con el momento y a continuación desgloso algunas personalidades del vino que he clasificado con apoyo en lo escrito por el Maestro Sumiller Vincent Gasnier:


Blancos ligeros y refrescantes: son vinos de mesa jóvenes; ideales para servirse solos o acompañados de platos con sabores ligeros.


Blancos jugosos, aromáticos: vinos con una corpulencia media, aromas cítricos, florales y de hierbas; sabores frutales más dulces, sin embargo, se consideran secos. Suelen ser de uvas blancas complejas y en ocasiones tienen paso por barrica.


Blancos plenos, opulentos: vinos con gran cuerpo, carnosos y largos, vinos fragantes con una cantidad enorme de sabores en paladar. Esta personalidad se consigue en vinos blancos con guarda cuyo precio suele ser mayor a $350 mexicanos.


Tintos vívidos y afrutados: vinos perfumados y elegantes, también los hay con diversas frutas dulces; son vinos que van muy bien con un buffet de verano para refrescar al comensal o con una cena tranquila. Mejor conocidos cómo tintos jóvenes de mesa para descorchar a diario.


Tintos maduros y suaves: estos vinos son los más comunes en el mercado; maduros y armoniosos, sin sabores brillantes pero nunca suaves. Pueden ir acompañados de un plato fuerte. Éstos son los preferidos para los que llevan un corto camino andado en el mundo del vino y prefieren sabores complejos pero suaves.


Tintos ricos, densos: estos vinos tienen una gran complejidad de aromas y sabores oscuros e intensos, suelen ser cálidos y acogedores con una carnosidad muy presente. Son los tintos cuya guarda supera los 18 meses de barrica y los hay desde $500 mexicanos la botella.


Quizá la descripción antes dada suene compleja ya que no es posible leer en las etiquetas del vino esta clasificación, pero en los siguientes artículos hablaré de la personalidad del vino comparada con personas para su mejor comprensión.

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©2016 por Miscelánea Gastronómica. Creada por Olavi Luna.