• Sommelier, Olavi Luna

Personalidad del vino blanco



"Existe más historia que geografía en una botella de vino."

-J. Kressman-


Para quienes hemos tenido la dicha de abrir un vino de guarda o reserva, es decir, un vino que ha tenido un paso por barrica y ha aguardado unos años para llegar a nuestra copa, nos hemos percatado de que el líquido no es un brebaje cualquiera, si no, que encierra aromas, colores y sabores únicos que lo van describiendo con el paso de cada trago.


En el artículo anterior conocimos las diferentes personalidades de los vinos y como éstas pueden compaginar con el tipo de paladar o gusto que tengamos. Para aclarar mejor el tema, a continuación presento explicaciones más simples al comparar la personalidad de una persona con los vinos blancos:



Vinos blancos ligeros y refrescantes: estos vinos se parecen al clásico chico de preparatoria que es simple y fresco que tiene muchas cosas por decir en un principio (sin presunción) pero a quien rápidamente se le acaba la plática, es decir, al momento del descorche hay una fragancia ligera y aromas de manzana, cítricos, hierbas y minerales, que al poco tiempo se pierden. Esta personalidad puede ser encontrada en vinos jóvenes, añadas no superiores a un año y medio antes del año de compra, elaborados con uvas Pinot Grigio, Chenin Blanc, Chablis, entre otras. En este rubro destacan los vinos de Italia, Portugal y del Nuevo Mundo[1] y se caracterizan por ser pálidos con tonos que van desde el amarillo al dorado ligero y presentan tintes verdosos. Tal vez no a todos les caiga bien el chico de preparatoria por su humor tan ácido y ligera arrogancia, pero sin duda su frescura es algo que atrae bastante. Así es la personalidad de estos vinos que suelen ser económicos y son para beberse al momento.[1] Vinos americanos y en general cualquier viñedo que haga vinos frescos y ligeros.



Vinos blancos jugosos, aromáticos: la diversidad que tienen este tipo de vinos es tan amplia como los diferentes caracteres en una familia, lógicamente los une una misma sangre, una misma línea, pero cada vino es único. Sus sabores son frescos pero no simples encontrando un buen balance entre alcohol y acidez. Una de sus características principales es la diversidad en aromas que ofrece al descorchar, éstos pueden tener tiempo de guarda lo cual ofrecerá aromas complejos. Sus sabores suelen acoplarse a cualquier gusto y es muy difícil encontrar a una persona que no le guste un vino de este tipo, son una muy buena opción para obsequiar a ciegas a cualquier persona que guste del vino. Entre las varietales más comunes de este estilo se encuentran la Suavignon blanc, Viognier, Verdejo y Riesling; a decir de estos vinos recomiendo consumirlos al momento o que la añada no exceda los cuatro años al momento de degustarlo.



Vinos blancos plenos, opulentos: cuando hablo de este tipo de vino me remito a compararlo con un adulto joven que ya conoce un poco de mundo y comienza a madurar, su charla suele ser más rica y compleja sin llegar a ser tan lenta como las de los adultos mayores. Los vinos de Borgoña son insignia de esta personalidad a la que se suman los Chardonnays, Gewürztraminer y Viogniers del Nuevo Mundo con una textura en boca que da la sensación de poder masticar el vino y ofrecen aromas que van desde la manzana madura, al durazno, piña y mango, y cuentan también con almibares y mieles.


A diferencia de los vinos anteriores, éste se lleva muy bien con los alimentos, es decir, se puede maridar. Sugiero consumir estos vinos con una añada no excedente a 5 años al momento de consumirlo ya que después de este tiempo suele decaer la calidad del vino.


Espero que con esta explicación sea más sencillo comprender los vinos blancos. No olviden consultar el siguiente artículo en dónde describiré las personalidades del vino tinto según sus característica de elaboración.


[1] Vinos americanos y en general cualquier viñedo que haga vinos frescos y ligeros.

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©2016 por Miscelánea Gastronómica. Creada por Olavi Luna.