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  • Sommelier, Olavi Luna

Personalidad del vino tinto



“El vino es la parte intelectual de una comida. Las carnes y legumbres no son más que la parte material”

- Alexandre Dumas -


Al igual que Alexandre Dumas considero que el vino va más allá de ser una simple bebida para acompañar la comida; éste puede llegar a ser parte de una experiencia única para los sentidos o amenizar un evento especial. Lo cierto es que el vino es una bebida viva que alimenta el alma gracias a los secretos propios de su elaboración.


Después de haber descrito la personalidad de los vinos blancos, ahora es el turno de los tintos, cuya complejidad y versatilidad son ligeramente más elevadas que las de los blancos, es por ello que pueden conquistar paladares simples o exigentes sin problemas, sin embargo, se debe considerar que “el truco” está en poder entender su personalidad, que puede ser alguna de las siguientes:



Tintos vívidos y afrutados: del lado de los tintos, nos encontramos con una personalidad tan versátil que es difícil encontrar a una persona que no guste de un trago de este tipo de vino. La versatilidad en aromas y sabores es tan amplia que cada vino tiene su propia característica. Entre las uvas más comunes usadas en este tipo de vinos son la Pinot Noir, Tarrango, Barbera, Lambrusco, Cabernet Franc y Pinotage. En cuanto a personalidad se refiere, imaginen a un niño de 4 años que no para de hablar y es muy simpático, esos niños que siempre hablan de lo mismo pero de vez en cuando tiene un chascarrillo que te hace reír; así podemos describir la personalidad de estos vinos, que por lo regular dan aromas muy intensos de frutos rojos al momento del descorche pero en boca son de textura ligera y efímera. La mayoría de estos vinos deben beberse en los primeros dos años después de la fecha de añada y se beben al momento.



Tintos maduros y suaves: la uva Merlot es el representativo más claro de esta personalidad y le siguen con menor presencia la Tempranillo y la Chianti. Este tipo de vino es el que conseguimos en cualquier lugar y los hay jóvenes y con guarda; la personalidad de este vino tiene semejanza a una persona joven pero madura que ofrece charlas muy específicas y con un ritmo constante, es decir, este vino ofrece aromas específicos a la varietal y al modo de producción que al momento de descorche no son escandalosos, éstos tienen aromas similares a los frutos negros, hierbas secas, especias, dulces y cuero; cuentan también con sabores plenos, redondos y una textura suave. Hay algunos vinos que se pueden guardar pero la mayoría de los vinos de este tipo que se producen con el estilo del Nuevo Mundo, deben consumirse dentro de los primeros cuatro años después de la añada.



Tintos ricos, densos: hemos llegado a la cumbre de los vinos, esos con personalidad de un adulto mayor que necesita tiempo para despertar, que se mueve lento pero tiene una charla tan rica y extensa que quien tiene la paciencia de seguir tendrá grandes recompensas. No se tratan de vinos para neófitos, ya que requieren un paladar educado puesto que muchas veces pueden ser de carácter regio y de complejidad muy alta con aromas silvestres y textura en boca parecida al terciopelo. La uva insignia de este vino se llama Cabernet Suavignon, le siguen la Syrah o Shiraz[1] y Nebbiolo, cabe destacar que los vinos mexicanos de L.A. Cetto tienen un magnífico vino con esta uva. Los aromas una vez aireados son intensos, es decir, dándole tiempo para que despierte el vino, parecidos al regaliz, higo, ciruela madura, café, chocolate, tabaco, especias, cuero y vainilla. Estos vinos suelen tener un final largo lo que quiere decir que después de un trago, el sabor perdurará en boca por más de 10 a 15 minutos. Estos vinos son ideales para guardar y bien se pueden consumir entre los cuatro y diez años después de la añada, no antes ni después, aunque habrá vinos con carácter que pueda resistir hasta los quince años.


Después de saber que el vino es un ente vivo y con peculiaridades específicas en cuanto a sabor y aromas, es mucho más sencillo explorar esa interminable oferta y poder elegir el indicado para nuestro paladar.


[1] La diferencia entre estas uvas son los climas de cosecha, en el caso de la Syrah hablamos de climas fríos y para Shiraz de climas calientes. También es común ver en vinos franceses el nombre de Syrah y en productores del nuevo mundo como Australia se denomina Shiraz.

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